Agua, tierra y aire, combinado con un atardecer que colorea de naranja el cielo simulando el fuego, hacen de este rincón del interior de Gipuzkoa uno de los más pintorescos de Euskadi.
Un mar de nubes pintadas por los primeros rayos de sol sobrevuela el embalse de Ullíbarri-Gamboa con la atenta mirada del castillo de Guevara al fondo.